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Retrospectiva - Roberto Minervini

Un estado libre

Stop the Pounding Heart de Robert Minervini nos presenta a una familia numerosa, granjera y cristiana, y a un joven que aspira a competir en rodeos y a su círculo. En los primeros 30 minutos, vemos a mujeres realizando tareas como ordeñar cabras y vendiendo productos lácteos en el mercado, y a los hombres, montando en un maniquí de un caballo y disparando escopetas. Cuando Minervini junta estas dos microcomunidades a través la pareja de enamorados que se conoce por primera vez hablando sobre una valla, está realizando un determinado retrato de Estados Unidos: personas devotas, motivadas ferozmente por el principio de la libertad, que eluden los márgenes económicos pero epitomiza lo principal, lo puramente estadounidense.

 

Esta dialéctica de encuentros y contrastes es recurrente por toda la obra del cineasta nacido en Italia, quien cada vez con más franqueza, toma el ideal de doble filo de la libertad como su temática. La familia Carlson, de Stop the Pounding Heart, irradia una claridad espiritual sobrecogedora (Sarah, la hija, la protagonista de la historia, en determinado momento lleva un cordero sobre sus hombros como si fuese un cuadro devocional de Jesús),  pero su estructura patriarcal es su propio tipo de control social. La siguiente película de Minervini, The Other Side, parte del ejercicio de tiro de Stop the Pounding Heart, con una visión grandiosa de la rebelión, con los hombre jóvenes disparando potentes armas en campos desolados, pero es una pregunta abierta acerca de cómo su miedo justificado y su odio hacia el gobierno federal mejorará sus circunstancias materiales.

 

Minervini no pretende resolver este tipo de tensiones, y en lugar de eso las reconoce como hechos cruciales e identificativos de la identidad estadounidense. Parte del origen de su historia como director tiene que ver con trabajar en la ciudad de Nueva York entorno a las fechas de cambio de milenio como consultor de informática, solo para experimentar la disputada e irregular elección de George W. Bush y los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2011 en una sucesión desconcertante.  Tras estudiar en la New School, dirigió varios cortos y luego un trío de obras cada vez más pulidas enraizadas en Texas: The PassageLow Tide, y Stop the Pounding Heart. Ha tenido unos estrenos prestigiosos en Cannes, Venecia (más recientemente, What You Gonna Do When the World’s on Fire?) y en el New York Film Festival.

 

La conexión de Minervini con Texas es personal: se mudó a Houston cuando su suegra estaba enferma terminal, una experiencia vital que a cambio inspiró The Passage, una historia sobre una mujer de mediana edad a la que le quedan semanas de vida. Escoger a actores no profesionales requiere que desarrolle una relación personal y de confianza con los hombres y mujeres que interpretan a una versión vulnerable y auténtica de sí mismos delante de su cámara, supervisada por su colaborador cinematográfico Diego Romeo Suarez-Llanos, un cronista sumamente móvil y sensible. Trabaja en estrecha relación también con la coescritora Denise Ping Lee, su compañera; cada película parece nacer de una relación formada con alguien de una producción anterior.

 

Aunque el método de Minervini tiende hacia lo orgánico, es el resultado de planos largos y una apertura hacia la intensidad emocional sea cual sea el peaje constitucional, también está, evidentemente, versado en las múltiples vertientes del realismo concertado que hay a lo largo de la historia del cine. Ha hecho referencia a Cesare Zavattini, el teorista neorrealista, y hay un eco a aquellos primeros retratos italianos de los desposeídos en el chico dejado a su propia suerte en Low Tide, que él mismo es parte de otro doble retrato de Minervini con su madre adicta. Pero además de a maestros italianos como Pasolini y Rossellini, también cita al estadounidense Allan King y al brasileño Osualdo Candeias como inspiraciones.

 

Invocar a estas leyendas del medio podría hacer que Minervini sonase más pretencioso o valioso de lo que sus películas indican. De hecho, probablemente su trabajo más complejo y desconcertante hasta ahora, The Other Side (a veces titulado simplemente Louisiana, por su emplazamiento), funciona gracias a su forma de aceptar el caos tan sumamente humano (el que hay tanto dentro del corazón, como por toda la sociedad en general). Su primera sigue, con intimidad y crudeza, a un drogadicto, Mark, y a su compañera, Lisa, demostrando especial atención a la textura de la piel, al tono y a la iluminación que Minervini y Romero han pulido como otra forma de ajustarse a los rigores del ser y la experiencia. (Fíjense solo en la cara hinchada y atribulada del chico de Low Tide, que parece la un boxeador curtido por el ring de la vida). El amor de Mark y Lisa es complicado y real, y antes de que nos preguntemos a dónde quieren llegar los directores con sus historias, The Other Side renace como una mirada encarnada de las comunidades milicianas de derechas.

 

Este momento de ruptura y cambio destaca en el cine reciente (un análogo no ficticio, tal vez, a la rotura narrativa reflejada en Mulholland Drive antes de 11 de septiembre), y con la elección de Donald Trump, esto ha ayudado a conferir a The Other Side la propiedad de ser una profecía ignorada. Pero si Minervini fue un profeta, no estaba mirando hacia el futuro, sino hacia el presente que teníamos delante de nosotros pero que no nos detuvimos a mirar. La energía y las pasiones libres que se ven en la película pueden ser a la vez gloriosas e inquietantes. “Yo quería estar en primera línea”, me dijo una vez Minervini en una entrevista. Ha conseguido colocarnos en ella con él, y sigue en ella para abrirnos los ojos.

 

Por Nicolas Rapold

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Roberto Minervini 1

Teatro Principal

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