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Retrospectiva - F.J. Ossang

F. J. Ossang, poeta del apocalipsis

Michèle Collery

 

F. J. Ossang ocupa un lugar singular y único en la cinematografía francesa. Escritor, músico, cantante, etc., trabaja en varios frentes de forma simultánea sin ceder al espíritu del momento y mostrando la plenitud de su tiempo. Mientras en Londres, los Sex Pistols cantan Anarquía en el Reino Unido [1] y en Alemania, los miembros del R. A. F. (Rote Armee Fraktion) se suicidan en sus celdas, el joven poeta heredero de Burroughs y Guy Debord elige su bando: el de la guerrilla. La poesía y el rock and roll sustituyen a la lucha armada, sin distinción entre arte y política. En un mundo donde la televisión tiene la supremacía, el Messagero Killer Boy radiografía el siglo a contrapelo. El movimiento punk no se limita a un género musical; es una sublevación generacional nacida del caos, un "grito orgánico" [2]  del que la obra de Ossang restaura la quintaesencia.

 

Ossang sigue siendo uno de los pocos artistas franceses que ha conseguido, al mismo tiempo, adoptar el enfoque del "punto de vista documentado", apreciado por Jean Vigo, y trasvasar la vitalidad de una generación que, haciendo referencia al programa Live Fast Die Young [3], sabía que no sobreviviría por mucho más tiempo.

 

Ossang comenzó a trabajar en el cine en 1982, cuando la música ya no le era suficiente. En los días de la apisonadora digital, el reconocimiento de imágenes y el 3D, la pasión por lo analógico, el blanco y negro [4], el cartón y el diálogo impregnado de poesía, lejos del realismo perfilado del cine televisivo, chocaban con las leyes del mercado. Siguiendo la línea de Jean Epstein, Jean Cocteau, Jean Vigo o Pier Paolo Pasolini, su poesía insurreccional, con su deslumbrante belleza, merece una consideración tan confidencial como prestigiosa. Contra viento y marea, dirigió, hasta hoy, diez películas, cinco largometrajes y cinco cortometrajes [5]. Continúa escribiendo libros, siempre animado por el mismo impulso de vida que hace brotar la incandescencia del Occidente moribundo. Mercure Insolent, manifiesto de lo analógico, fue publicado en 2010.

 

Evolucionando del ensayo a la ficción, la primera trilogía [6] matricial opera como métrica inaugural. Sinfonía de formas, dialéctica de partituras visuales sonoras y escritas, estética del cine mudo: el arte de la luz cercana, el uso del iris, los decorados fabulosos y los personajes salidos de su mitografía personal. Las preguntas planteadas en La dernière enigme, una película basada en un texto del situacionista Gianfranco Sanguinetti, se reflejaron en Zona Inquinata L’affaire des Divisions Morituri, “peplum futurista del Cuarto Mundo".

 

La no representación frontal del enemigo crea un distanciamiento que nos permite imaginarnos de todo. Difuso, espectral, heterogéneo, híbrido, atomizado, globalizado, la inmaterialidad de la amenaza abre otros caminos metafóricos al servicio no sólo de la poesía, sino también de la fantasía y el suspense. La adversidad invisible se insinúa por todas partes mientras corrompe los cerebros y alimenta las angustias más oscuras, ancestrales, universales, las paranoias, los demonios internos de cada uno. Las sospechas recaen sobre todo el mundo, en cualquier momento, en los elementos (vientos, aguas contaminadas, neblinas en un estrecho desfiladero donde no es bueno que se averíe el coche), en la comida, el vino, los rituales y fetiches (círculos y números, navíos fantasmas), el comportamiento de los individuos (murmullos, miradas)…

 

Consciente, como Burroughs, de pertenecer a un tiempo petrificado, Ossang aporta una mirada crepuscular a nuestra civilización. Sin embargo, la melancolía no causa tristeza ni acritud, al contrario: "El cine no debe ser algo serio" [7]. Se reinventa una mitología propia de los tiempos modernos, llena de referencias, desvíos y propósitos extravagantes extraídos de la biblioteca del cineasta.

 

Las entrañas del mundo viejo y consumido todavía arden. Los protagonistas de Trésor des Îles Chiennes sufren el fuego eterno en la isla eruptiva de las Azores, que el cineasta adora por la tectónica de las placas que se encuentran situadas en el cruce de los tres continentes: Europa, África y América. A Ossang, hijo de las tierras volcánicas de Auvernia, le gustan los paisajes "extraterrestres" con señales arcaicas: el desierto de Atacama, los campos megalíticos, las tierras del Extremo Oriente ruso, el archipiélago de las Azores...

 

Ruido & Roll

El frenesí de la conquista se alcanza en medio de la euforia. La música se desprende de toda funcionalidad narrativa. Así, se nos induce a sentir las emociones, embriagados de libertad cuando la voz ronca del cantante de La Muerte [8] erotiza la fuga mortal de los amantes en Doctor Chance. En un horizonte lleno de cumbres nevadas, el trazado del coche rojo anticipa el sendero fatal que marca el prólogo de Dharma Guns, enardecido por la canción de Jello Biafra.

 

Punk, industrial y tribal, la banda sonora hace resonar el estruendo de batallas perdidas o ganadas. La embriaguez y los impulsos nos inyectan imágenes en dosis lacerantes, molestas, que causan un dolor sin nombre, convulsiones y gritos que surgen de las profundidades de la memoria primitiva o de las noches atómicas que perturban la serenidad de los paisajes de Silencio. La unión de los subtítulos y las distorsiones de Throbbing Gristle inoculan la duda. Los mundos se abren, en remanencia con los silencios habitados por una vida orgánica. Al final de Silencio, la punta del diamante continúa la ruta por sí sola… Con su último aliento, el ligero crujido aboga por el vinilo, condenado él también a la erradicación.

 

Sustraídas de toda continuidad, las películas podrían seguirse como un álbum de rock & roll, dejándonos llevar por las combinaciones de emociones y energía que proporcionan. Las redes subterráneas invitan a otros sistemas de circulación. Cada fragmento se desarrolla sin la mediación de los demás en la amplitud y profundidad cuando la película perforada con luz revela esplendores letales capturados en la esencia de la realidad.


 

[1] Canción primero publicada como single el 26 de noviembre de 1976 por la discográfica EMI y el año posterior en el álbum Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols (Virgin).

[2] Expresión usada por Artaud para referirse al surrealismo en la introducción de tres conferencias que impartió en México en 1936 sobre el surrealismo y la revolución.

[3] El grupo punk californiano Circle Jerks escogió el eslogan como título para uno de sus temas en 1981.

[4] Solo una de sus nueve películas está en color: Docteur Chance (1997).

[5] La Dernière énigme, 1982, cortometraje

Zona Inquinata o La vie n’est qu’une sale histoire de cow-boys, 1983, cortometraje

L’Affaire des décisions Morituri, 1984

Le Trésor des îles Chiennes, 1991

Docteur Chance, 1998

Silencio, 2006, cortometraje (Premio Jean Vigo 2007)

Vladivostok, 2008, cortometraje

Ciel éteint !, 2008, cortometraje

Dharma Guns, 2010

Neuf doigts, 2017

[6] Dos cortometrajes: La dernière énigme (1982) y Zona Inquinata (1983) y un largometraje: L’affaire des Divisions Morituri (1984)  

[7] F.J. Ossang, Mercure Insolent, op.cit., p. 39.

[8] Grupo belga de Heavy Metal influenciado por Nick Cave.

F.J. Ossang 1

Teatro Principal

Duración: 88m 50s

Dharma guns

Dharma guns (La succession Starkov)

F.J. Ossang

  • 2010
  • 88:50
  • Francia, Portugal
  • FIC
  • B/N-COL

Ossang da rienda suelta a su querencia por el pulp y la ciencia ficción creando un universo  tan oscuro y expresionista como intrigante, donde tienen cabida héroes malditos que resucitan del coma, científicos esquizoides, personajes alienados y, cómo no, inolvidables femmes fatales. Un viaje alucinado y alucinante que transita a un tiempo por territorios físicos y por los recovecos cerebrales de su protagonista.

Origen de la copia: La Cinémathèque de Toulouse